«Cuando llevaba poco tiempo usando pelucas y empezaba a perder el pelo, me preocupaba que la gente se diera cuenta de que era una peluca o que me trataran de forma diferente. ¡Pero la verdad es que me trataban de forma diferente, pero para bien! Cada vez que me pongo una peluca, siempre me hacen cumplidos sobre mi pelo y me preguntan quién me la pone. A veces les guiño un ojo y me levanto un poco la parte de delante, y otras veces solo digo «gracias» o «me la acabo de poner» y las dejo con la intriga. La primera Navidad que llevé peluca, a mis sobrinas les fascinó. Me preguntaron si podían cogerla y probársela. ¡Oírlas decirse unas a otras lo bien que les quedaba me hizo sentir como si el corazón me fuera a estallar! Estas niñas no solo se sentían guapas, sino que se llenaban de cumplidos unas a otras. Se notaba su confianza solo en cómo cambiaba su postura y en las sonrisas de sus caras. Me hace muchísima ilusión que las generaciones actuales y futuras ya no vean el pelo alternativo como algo que hay que ocultar o de lo que avergonzarse. Estoy muy agradecida a los valientes hombres y mujeres que, de forma desinteresada, se han expuesto para normalizar el uso de pelucas. Llevar pelucas es una elección personal. Puede que no sea para todo el mundo, pero a mí me hace sentir aún más guapa y segura de mí misma. ¡Además, me ahorra un montón de tiempo a la hora de arreglarme, ya que consigo un peinado perfecto en cuestión de segundos!