Entonces, en marzo de este año, su familia recibió la mala noticia de que su leucemia había vuelto. A las dos semanas de empezar la quimio, Harper empezó a perder el pelo. Al principio, se lo cortó muy corto para disimular la caída. Le preocupaba cómo la verían los demás niños sin pelo. Una semana después, Harper tomó la valiente decisión de afeitarse la cabeza.